
El 16 de septiembre de 2011, después de diecisiete meses con el grupo de consumo en marcha, aprobamos el primer régimen interno de Efecto Ecológico. Era el momento de poner por escrito lo que ya se estaba haciendo y de fijar unas reglas comunes.
Un grupo base y grupos satélite
El documento organizaba la asociación en un grupo base, en Santander, y en «grupos satélite» en otras zonas. Así se podía crecer sin que todo dependiera de un único punto.
Para sostener la asociación se acordó añadir un 20 % al precio que fijaba el productor. Con ese margen se cubría el funcionamiento del grupo.
Precio, valor y contabilidad imaginativa
El régimen interno no se quedaba en los números. Distinguía entre precio y valor: el precio es lo que se paga por un producto, y el valor incluye cosas que el mercado no recoge. Para no perderlas de vista propusimos una «contabilidad imaginativa», que consistía en llevar cuenta también de ese valor que no tiene precio de mercado.
En la misma línea, en lugar de ánimo de lucro el documento hablaba de «interés fraternal». La asociación no existía para repartir beneficios, sino para que la relación entre quien produce y quien consume se sostuviera en el tiempo.
La segunda versión y el primer plan complementario
El texto se revisó pronto. En marzo y abril de 2012 salió una segunda versión, y con ella el primer «Plan Específico Complementario», dedicado a un «Centro de iniciativas y actividades». Se financiaba con un 5 % a partir del 1 de abril de 2012.
Muchas de estas ideas siguen presentes en cómo explicamos hoy nuestros precios y nuestro modelo asociativo, aunque las cifras y la organización han cambiado con los años.
Esta entrada forma parte del archivo del blog, reconstruido en 2026 a partir de las actas, documentos y datos de la asociación.

